MATRIMONIO ENTRE PERSONAS DEL MISMO SEXO
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Una nueva amenaza para el niño
Mientras escribo esta nota se presenta en el escenario de la vida de nuestra nación una tenaz ofensiva, una firme estrategia para la destrucción moral, emocional, mental, física y espiritual del niño. Se trata de la legalización del “matrimonio” de parejas formadas por dos hombres o dos mujeres, con capacidad de adoptar y “criar” hijos. La Cámara de Diputados otorgó su media sanción al proyecto de ley que se encuentra a consideración del Senado.
Al margen de la sanción o no de la ley, me permito ofrecer un análisis que fundamenta aquello que nunca debió siquiera cuestionarse.
Un pasaje de los Salmos dice: “Si fueran destruidos los fundamentos, las bases, ¿qué hará el hombre justo, honrado y amante de la ley?” (versión parafraseada).
De esto se trata, de restaurar los fundamentos inalterables de la vida, en todas sus expresiones.
Juristas, sociólogos, psicólogos, profesionales de la medicina y pensadores cristianos han expresado sus ponencias sobre el tema. Lo han hecho con rigor científico y certero análisis, con argumentos categóricos en contra de la sanción de la ley.
Aportaré mi pensamiento y profunda preocupación sobre el tema desde distintos puntos de vista.
Enfoque filosófico y religioso
Todos tenemos una filosofía de vida, creencias, convicciones o postulados que inspiran nuestras acciones. El ateo, el agnóstico, el ocultista, el humanista, o el cristiano, cada uno responde a sus criterios, a sus convencimientos. El agnóstico, que niega lo absoluto; el ateo que rechaza la idea de Dios; o el humanista que hace del hombre un dios, todos sustentan sus acciones en su filosofía de vida.
Los cristianos también. Creemos en Dios, creador y sustentador de todo lo existente, en especial del ser humano, lo hace a través de las leyes que rigen la vida en todas sus manifestaciones.
Algunos no quieren oír hablar de Dios y de sus leyes. Lo excluyen por completo de sus vidas. Otros, queremos y necesitamos honrar a Dios y a sus leyes. ¿Por qué, entonces, eliminar de un debate tan trascendente a aquel que reconocemos como autor de la vida, de la naturaleza, del hombre y de la familia?
Razones naturales
Prescindamos, por un momento, de las filosofías o creencias de cada cual. Echemos una mirada objetiva a las leyes naturales: biológicas, físicas, químicas, etc. Ellas son “la regla universal a la que están sujetos los fenómenos de la Naturaleza” (Diccionario de la lengua Española Vox).
Estas leyes no se identifican “sectariamente” con ninguna creencia. Son en sí mismas objetivas, absolutas e inalterables. El asombroso equilibrio de la naturaleza responde al normal funcionamiento de esas leyes. Alterarlas, no respetarlas, transgredirlas suele provocar grandes problemas. Muchas veces irreparables.
Las leyes que rigen la vida del manzano, o del ciruelo o del algarrobo han sido siempre las mismas, desde que existen. La vida de los leones, o del mosquito, o de las ballenas tiene en cada caso sus leyes naturales, no se pueden alterar. Los entusiastas y comprometidos defensores de la ecología batallan por preservar el equilibrio natural del planeta. Ríos, mares, la atmósfera, los glaciares, la fauna, la flora son motivo de profunda preocupación, ante las alteraciones provocadas por la acción contaminante y destructiva del hombre.
Cada ser humano comienza en un niño. Un niño que debe crecer y desarrollarse, naturalmente, con un papá (hombre) y una mamá (mujer). Las leyes biológicas, psíquicas y emocionales deben ser respetadas para un sano desarrollo. Hay una sabia armonía: papá, mamá, los hijos, el hogar.
Cuando ese orden natural se altera -como ocurre en otros niveles de la naturaleza- se sufren graves consecuencias. La ausencia de papá o de mamá -hoy tan frecuente- provoca desequilibrios de conducta, emocionales, fisiológicos, problemas de aprendizaje, etc., etc. La intención de los homosexuales de acuñar la antinomia: “marica o calle”, es falaz. La opción es “calle o familia normal”, “calle o gobierno responsable”, “calle o educación y contención adecuadas”.
Ante las anormalidades ya mencionadas anteriormente, “testimonio irrefutable de que algo anda mal”, la solución no es lo antinatural.
Dos hombres no están dotados naturalmente para criar hijos. Dos mujeres, tampoco. La naturaleza así lo dispuso. Todo el amor que tengan y quieran brindar a un niño no alcanza. No suple lo antinatural.
Dos leones machos no pueden procrear ni criar a sus cachorros; ni dos leonas. Criar niños es responder cabalmente a las leyes inalterables de la vida misma: la afectividad, la psicología del niño, las pautas de su maduración sana exigen la figura paterna y la figura materna, insustituibles.
Todo el inmenso caudal científico relacionado con la psicología infantil, la psicopedagogía, la psicología de la educación, la puericultura entre muchas otras disciplinas deberían ser desechadas.
Hemos criado, educado, formado vidas, corregido errores sobre pautas que hoy ya no sirven para nada.
Es como si tuviéramos que estudiar la vida de las abejas sobre otros parámetros, otros supuestos, otras realidades, otros criterios. Las abejas que conocimos desde siempre ya no son las mismas… ¡qué despropósito!
El caso de la ley de matrimonio de personas del mismo sexo es dramáticamente elocuente. Muchos de nuestros “representantes” votan según su filosofía o creencia, otros obedecen a sus líderes políticos. Ninguno de ellos ha formulado una posición definida en su plataforma partidaria previa a las elecciones. Pero hay más, nuestros representantes han ignorado los fundamentos de la sociedad argentina, de la Constitución Nacional, y del Código Civil.
La sanción de esta ley traiciona dichos fundamentos ya que la mayoría se declara cristiana, y defensora de la familia formada por un hombre y una mujer, con hijos que reclaman papá (hombre) y mamá (mujer).
La Constitución Nacional sigue proclamando en su preámbulo: “Invocando a Dios frente a toda razón y justicia”. Al respecto se ha oído que algunos “matrimonios” de homosexuales han acudido a pedir la bendición de Dios. Deberíamos recordarles que el mismo Dios que desea bendecir, también dice: “Si me amáis, guardad mis mandamientos…” y “el que tiene mis mandamientos y los guarda, es el que me ama… y será amado por mi Padre”. Firmado: Jesús.
Hay abundantes mandamientos dados por Dios respecto a la homosexualidad. Podríamos resumirlos objetivamente: El Señor ama a los homosexuales, pero condena severamente la homosexualidad.
Volviendo a nuestros “representantes”, agregamos que la trascendencia e incidencia de la ley en la vida de nuestra sociedad, y sus múltiples derivaciones, justifican ampliamente una consulta popular (plebiscito).
Teoría del hecho consumado
Algunos defensores de la ley argumentan que muchas parejas del mismo sexo ya tienen niños en crianza, como una demostración de que el hecho consumado debe ser revalidado por la ley.
Esta teoría equivaldría a aceptar como legales una interminable cantidad de hechos consumados. Imagine usted cuántos… La convalidación del hecho consumado nos llevaría a desestimar las leyes establecidas, principios morales intransferibles, el uso natural, los fundamentos de la vida misma...
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